sábado, 28 de diciembre de 2013

XXV Aniversario Luctuoso

Autorretrato   Los Novios

Federico Cantu 1907-1989

Colección Federico Cantú Fabila
Oleo sobre tela marco Amate y óleo
2014


XXV Aniversario Luctuoso

Federico Cantú, pintor, escultor, muralista y grabador, se le ha denominado “el Ulises de Cadereyta”. Su largo andar durante mas de siete décadas de labor creativo entre América y Europa lo convertirán en el hijo prodigo de Nuevo León, un Ulises que tiene sed de llegar de nuevo a su tierra.
Como diria Alfonso Reyes : Cantú “surgió hijo de si mismo” Su obra aviva el afán prehispanico,la flora, la fauna, el paisaje y la simbología mitológica y religiosa. Pero sobre todo recrea el universo cultural que cultivo a lo largo de su vida.

Cantú perteneció a la generación de artistas que formaron la Escuela Mexicana de Pintura en la primera mitad del siglo XX. Nació en Cadereyta de Jiménez , Nuevo León, el 3 de marzo de 1907 fue hijo de dos escritores  , Adolfo Cantu Jáuregui y Luisa Garza Loreley , de ahí su inclinación a el arte universal.
En su temprana juventud radico junto con su madre “Loreley”  en San Antonio Texas, posteriormente ingresó en 1922 a la Escuela de Pintura al Aire Libre de Coyoacán, fundada por Alfredo Ramos Martínez: Maestro y amigo que inculco en Cantu el gusto por el color y el trazo en pequeño formato , así como la emoción por el romanticismo .
Cuando cumplí catorce años , sentí el ansia de Paris. Los Libros de mi madre y las novelas románticas con teatro en la Ciudad Luz, me alucinaron ; me sedujeron al grado de convertir en obsesión lo que en un momento de embriaguez espiritual.. espiritual fuera nada mas que un proyecto.

Un amigo Pintor, de imaginación multiforme, descubrió en mi cierta intuición artística, me esbozo un paraíso de color y perfilo en mi imaginación , de suyo preparada un mapa de la Ciudad Luz, inquietante y seductora idea. No se necesitaba mas que eso y un boleto de tercera clase de los trasatlánticos , esa cosa inmunda y pavorosa que se extiende en la cala de los barcos desde la proa a la popa y que nos separa de la misteriosa verdosidad de los mares con un muro de acero.