lunes, 15 de noviembre de 2010

María Asúnsolo


Federico Cantú […] pintó […] una mujer vestida de rojo, sentada sobre una piedra caprichosamente recubierta con un paño de terciopelo verde, teniendo como fondo el misterio de un paisaje campestre y pagano.
Con la cabeza inclinada y apoyada junto a la protuberancia de un árbol semiseco, María recibe de una rama reverdecida, que sobre ella extiende, lo que parece ser la bendición de la naturaleza a su encanto.
Aunque esta pintura haya sido tomada de un desnudo de 1941 al que Federico Cantú llamó Dibujo para un retrato, la mujer de este cuadro dedicado a María, está obviamente vestida; la verdad es que los pies desnudos, junto a una planta espinosa, son de un realismo maravillosamente terrenal […] como los fetiches, embrujan.
El color del vestido rojo y de la tela verde es incitante pero el café del árbol seco, el verde ácido de las plantas espinosas, las nubes –entre café oro y el cielo en fuego– recuerdan las armonías dramáticas y fascinantes de Lucas Cranach […] en su Crucifixión de la alte Pinakotek de Munich.
Pintura aparentemente contenida, que cubre con la violencia el vestido rojo, el audaz dibujo de 1941, esta obra de Cantú es la metáfora elocuente del amor al arte y a la mujer que ella sintetiza.” (p. 10)

Rodríguez, Antonio, “María Asúnsolo, homenaje de la pintura a la belleza femenina”, en
María Asúnsolo en el Museo Nacional de Arte